Filosofía



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Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la palabra filosofía significa en una de sus acepciones lo siguiente: Conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano.

Dicho esto, en el ámbito que nos ocupa como es la educación, se constituye como el saber más general y profundo sobre la realidad, porque se ocupa del conocimiento del ser en toda su amplitud a la luz de las últimas causas y primeros principios.

Pero realmente cuál es la filosofía de trabajo que puede llegar a tener un docente. Yo diría, por el conocimiento y la experiencia adquiridas hasta hoy, que depende en gran parte del entorno que tiene a su alrededor, es decir está supeditada fundamentalmente en el tipo de alumnado que cada profesor tenga día a día. Es decir, no es lo mismo trabajar en un instituto situado en un entorno donde las familias de los alumnos son de clase media y alta que en otros donde las personas son de clase baja y además con muchos problemas de disciplina.

Este último caso que precisamente vivo día a día en las aulas, conlleva a no poder impartir de una manera mucho más eficiente mis conocimientos. Quiero decir que aunque yo sé trabajar en ABP, creo REA, manejo las TIC, etc. esto no sirve de nada si el alumnado no tiene ganas de aprender. Cada día preparo mis clases para el día siguiente y con mucha ilusión por cierto. Aunque los contenidos que imparto cada año son los mismos, no me valen las clases de otros años, es decir tengo que estar actualizándolas constantemente. Sin embargo, en muchas ocasiones después de varias horas de trabajo fuera del horario en el aula como docente, pongo en práctica al día siguiente la nueva estrategia de aprendizaje, pero lamentablemente fracasa debido a la apatía de los alumnos. Todo ello conlleva a un mayor desgaste del profesorado.

Sin embargo, si los discentes tienen inquietudes de aprender, siempre será más sencillo implementar en el aula cualquiera de las disciplinas enunciadas anteriormente. También ello repercutirá positivamente en la ilusión del profesorado para enseñar más y mejor, lo que al final influye de una manera muy notoria en una mejor calidad de la enseñanza.

Aunque tampoco quisiera dejar al alumno como el único responsable de su buen aprendizaje. Ni siquiera al profesorado. Creo que en todo el proceso de enseñanza y aprendizaje del alumno, también es muy importante tener en cuenta la cantidad y sobretodo calidad de los recursos de los que disponga el profesorado para impartir sus conocimientos. Y más hoy en día que se habla tanto de las TIC y parezca que sin ellas ya no se puede enseñar. Pero bueno, ese es otro tema que supongo que daría para varios libros.

A lo que yo me refiero cuando dije cantidad de recursos TIC es a lo siguiente. Si por ejemplo un profesor tiene un grupo numeroso de 35 alumnos (máximo permitido según la legislación vigente, si mal no recuerdo), y tan solo dispone de 25 ordenadores por ejemplo (eso sin contar que algunos estén estropeados sin remedio alguno), difícilmente el docente podrá llevar a cabo de manera eficaz sus enseñanzas. Otro aspecto a tener en cuenta como comentaba anteriormente, y no menos importante en este caso, es la calidad de dichos equipos informáticos. Por ejemplo si se disponen de equipos TIC de hace 10 o más años, con poca memoria RAM (1 GB o menos), con baja velocidad o escaso ancho de banda en Internet, etc. es decir con mínimos requisitos, es imposible trabajar y conseguir desarrollar una tarea docente algo decente, si se me permite el juego de palabras. Pues creo que todos podemos imaginar lo que sucede en estos casos: quejas continuas y reiteradas del alumnado (y con mucha razón), diciendo al profesor, que al fin y al cabo somos los profesionales que danos la cara, "Esto se peta, profe....", "Así no se puede hacer nada...", "Vaya m......".

Así que, en estas circunstancias que lamentablemente aún se dan en algunos institutos, de poco vale la buena preparación del profesorado y mejor predisposición del alumnado, pues ello recae en un menor interés de estos últimos y lamentablemente, pero cierto, en una menor calidad de la enseñanza.

Dicho todo esto, quisiera concluir en que no hay malos alumnos ni tampoco malos profesores, sino quizá más bien el problema radique en la actitud de las personas, sean docentes o discentes. A veces incluso en ciertas personas resulta difícil qué rol tiene, es decir hay profesores que como yo nos consideramos alumnos pues aún tenemos una larga vida por delante y mucho que aprender de los demás, incluso por qué no, de nuestros propios alumnos que quizá algún día elijan el mismo camino profesional que nosotros decidimos tomar en su día.

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